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lunes, 27 de abril de 2009

Etiopía- Eritrea: la guerra olvidada

Estos dos estados comparten una frontera 1000 kilómetros no delimitada claramente por los tratados internacionales. Esto ha provocado un conflicto que dura ya más de 10 años y que ha generado 750.000 desplazados de ambos países.

Actualmente quince conflictos sangrientos invaden el continente africano. Pero sin duda alguna, el conflicto entre Eritrea y Etiopía es el más convencional de ellos. Una guerra “a la antigua” que rompe los esquemas y que, según los organismos internacionales, es una “guerra absurda” al no estar basada en diferencias étnicas, religiosas ni tribales. Ni siquiera está determinada por una lucha de poder.

Ésta es una guerra de fronteras y de historia. Hasta el punto de que cuando estalla el conflicto en 1998, éste va acompañado por la redacción de un informe redactado por Eritrea, donde reclama la "frontera colonial", es decir, la línea trazada a principios de siglo entre el reino de Italia (país colono de Eritrea) y el imperio de Etiopía.
Pero, sobre todo, esta guerra es la historia de los desplazados y refugiados y de la indiferencia y olvido de los organismos y potencias internacionales.

Consecuencias nefastas a nivel humano

750.000 personas, entre etíopes y eritreos, se han visto obligados a desplazarse durante los más de 10 años que dura este conflicto. Además, al margen de los combates propiamente dichos, las poblaciones están sufriendo las consecuencias de la guerra. A todo lo largo de la frontera occidental y centra, más e 600.000 civiles han tenido que salir de sus pueblos. En Eritrea, 65.000 personas han sido expulsadas en nombre de la seguridad nacional. Asmara denuncia una verdadera depuración étnica.

Por otro lado, 30.000 expatriados han abandonado Eritrea desde el comienzo de la guerra. Según Amnistía Internacional y Cruz Roja, este país no ha organizado ni caza al hombre, ni saqueos ni deportaciones masivas.

Pero el problema más importante es el entorno al que deben enfrentarse estos refugiados y desplazados: la guerra ha dejado un panorama desolador en el que gran parte de las infraestructuras y cosechas han sido destruidas y minadas. Sin bienes, sin posibilidad de volver o de cultivar sus tierras, estos desplazados dependerán de la ayuda humanitaria durante más de un año.

Los costes económicos

Esta guerra ha supuesto un siniestro impacto en la economía de ambos contendientes, que han dedicado entre el 10% y el 30% de su PIB a invertir en armamento y esfuerzo en guerra. Si bien Eritrea ha sido el país que más esfuerzo económico ha dedicado al conflicto (en 1999 dedicó un 30% de su PIB), la guerra le cuesta a Etiopía un millón de dólares diarios. Los presupuestos ministeriales, federales y regionales se han visto recortados y los ingresos de las privatizaciones se han destinado en parte a la guerra.

Con 210 y 110 dólares de renta anual por habitante, ambos países, se sitúan respectivamente, entre las naciones más pobres del mundo, en los puestos 167 y 172 de los 174 países clasificados por el PNUD (Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo), según su índice de desarrollo humano. Las necesidades ayuda serán muy importantes en los próximos meses, aunque aún lo son más los programas de desarrollo a medio y largo plazo que eviten la dependencia de la ayuda externa.

Lara Redondo


lunes, 20 de abril de 2009

La sequía amenaza la vida de millones de personas en Sudán

Las malas cosechas, la escasez de agua y alimentos conducen a Sudán a una grave situación alimentaria donde los niños son las principales víctimas

Por favor Dios, haz que llueva o moriremos de hambre. Con esta frase Lalla, sudanesa de 21 años, trata de invocar a Leza. No lo hace por casualidad. Leza fue la divinidad que hace muchos años originó el mundo. Pero también creó la lluvia. Leza habitaba en los cielos. Si quería contar algún secreto soplaba bajito, si estaba enojado lanzaba rayos y truenos. Si lloraba bien fuera por alegría o tristeza sus lágrimas regaban la tierra. Pero Sudán sufre desde hace tres años una sequía extrema. Este factor unido a los conflictos bélicos que azotan la zona han precipitado una de las crisis alimentarias más graves de la historia del país. Se calcula que más de tres millones de personas necesitan atención sanitaria como consecuencia de la desnutrición.

En Sudán, el 80 por ciento de la población vive de la agricultura. Pero las malas cosechas que sufre el país desde hace varios años y el agotamiento de las reservas ha hecho que el coste de los alimentos ascienda a un precio que pocas personas pueden pagar. Esto parece extraño en una nación llena de recursos, tanto minerales como petrolíferos. Muchos recursos pero mal repartidos.

En Sudán tan sólo un 10 por ciento del suelo es cultivable, y el desierto amenaza las mismas tierras en las que crecen los alimentos. La falta de lluvia afecta principalmente a los cultivos de arroz, durra, mandioca y maíz. La desertificación alcanza ya a un 25% de los territorios sudaneses lo que provoca el desplazamiento de los pastores al sur para encontrar nuevos campos donde sus ganados puedan pastar.

Los principales ríos que recorrían ligeros las principales ciudades se han secado, lo que supone un hecho nefasto para los cultivos de decrecida. La parte más útil del Sudán es la región central gracias a las obras de regadío realizadas en Gezireh, entre el Nilo Blanco y el Nilo Azul, que se utiliza cada vez más para los cultivos alimentarios y la ganadería lechera intensiva. Pero el país sufre una importante penuria alimentaria que se ve agravada por la llegada masiva de refugiados fugitivos y por la persistencia de una economía poco diversificada y muy depediente del cultivo del algodón.

Los niños, las principales víctimas

Según los últimos datos publicados por la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 18 por ciento de los niños de Sudán sufre malnutrición, y de ese porcentaje un 48 por ciento es malnutrición crónica. Esto implica el sacrificio de una función del cuerpo para que el organismo pueda realizar otra más importante.

Darfur, una de las regiones del país, tiene un penoso récord. Es el lugar donde mueren más niños por desnutrición, 88 por día. Los niños han perdido un 30 por ciento de su peso normal en relación con su estatura. Y deberían recibir raciones extra de determinados alimentos, ya que necesitan más vitaminas y calcio para su correcto crecimiento. Por desgracia no sólo no se pueden duplicar esas raciones, sino que en la mayoría de los casos ni siquiera pueden tomar el vaso de leche necesario para poder asimimilar el calcio que necesitan sus huesos para un adecuado desarrollo.

Lalla, pese a sus insistentes plegarias, no ha conseguido invocar a su Dios. Quizás su hijo Mulae consiga que sus oraciones sean escuchadas por otras divinidades que no habitan los cielos sino la tierra, y aunque todavía no son capaces de precipitar las gotas de agua en la tierra, pueden ayudar haciendo llegar los alimentos básicos para que pueda crecer.

Carla Pina García

Mi vaca y yo

La salud, la religión, la vivienda e incluso el amor. Para los masais toda su vida gira entorno al ganado a que poseen porque para ellos: las vacas son sagradas.

Esta tribu, que se sientes orgullosos de oler como sus animales, vive tan arraigados a su ganado que se llega a establecer con él una relación afectiva en la que el hombre puede llegar a sentir mayor cariño por sus bueyes que por su mujer.

Tanto su alimentación, leche, sangre y carne para su dieta, como su vestimenta, cuero y pieles para su ropa, dependen del ganado tanto como del estiércol de los animales para fabricar sus viviendas. Incluso en el amor, materialista y en el que la belleza física es importante, el número de esposas de un hombre depende de su riqueza en rebaños siendo el precio de una esposa es de unas tres vacas, dos ovejas y un buey, por lo que un hombre muy rico puede poseer hasta 20 mujeres aunque son pocos los que tienen más de cinco

En la actualidad, muchos masais se han integrado en la cultura occidental como personal de servicios de empresas turísticas y los que han permanecido en sus tierras de origen son utilizados como reclamo turístico posando para que los turistas les fotografíen a cambio de dinero. Pero a pesar de los cambios sociales que afecten a esta antigua civilización la cultura original de los masais siempre se recordará por su ganado, el símbolo más representativo de su riqueza y poder.
Mónica Madrid

jueves, 16 de abril de 2009

Las Maravillas de la música Africana: Yossou N´Dour

Yossou N´Dour es un cantante Sengalés mucho más conocido en España de lo que parece a simple vista. Y si no, pinchen en el video y comprobarán que han escuchado su dueto con Neneh Cherry “7 Seconds” más de una vez.



Pero pese a que el oyente medio solo conozca esta canción, Yossou tiene una amplia trayectoria profesional a sus espaldas. Comenzó a tocar con solo 12 años, haciéndose conocido en muy poco tiempo. Su base es el mbalax, la música popular senegalesa, que en Dakar (capital de Senegal) se fue fusionando poco a poco con el Jazz (introduciendo instrumentos como el saxofón y la guitarra) y con el rock norteamericano. En este ambiente Yossou comienza su andadura musical.
Yossou N´Dour comienza a publicar discos de estudio en 1984, y a día de hoy cuenta con 23 discos de estudio y 7 recopilatorios. La famosa colaboración con Neneh Cherry está incluido en su disco “The Guide (Wommat)” publicado en 1994.

Es además un músico comprometido social y políticamente: en 1985 organizó un concierto por la liberación de Nelson Mandela y 3 años después participa en una gira de Amnistía Internacional. También ha trabajado para la ONU y UNICEF. Esto hace que se haya convertido en uno de los músicos africanos más conocidos a nivel mundial, llegando a colaborar con estrellas de la música occidental como son Sting, Bruce Springsteen o Tracy Chapman. A su vez, es coautor del himno de la Copa del Mundo de Fútbol de 1998.

Su último disco de estudio “Alsaama Day” fue publicado en 2007, así que esperamos que dentro de poco tiempo, el Sr. N´Dour nos vuelva a sorprender con su maravillosa música y su espectacular voz.

Andrea Morante

miércoles, 15 de abril de 2009

Un parque nacional para proteger al gorila más raro del mundo


El Parque Nacional de Takamanda ha nacido con un objetivo: proteger al gorila occidental del río Cross, el más raro del mundo. Las estimaciones cifran la población de esta especie en menos de trescientos ejemplares.

El gobierno de Camerún ha creado este parque en la frontera con Nigeria, hábitat de unos ciento quince gorilas del río Cross. La fundación es una estrategia en la lucha para proteger a estos primates: es un acto significativo, y mensaje para los países involucrados en la preservación de los gorilas.

La Sociedad de Conservación de la Naturaleza ha ayudado a establecer el parque Takamanda porque considera que así se logrará disminuir la caza y la destrucción forestal que han disminuido los números del gorila del río Cross; “Se debe elogiar al gobierno de Camerún por tomar este paso para salvar el gorila del río Cross para generaciones futuras”, ha declarado Steven Sanderson, presidente y gerente ejecutivo de esta sociedad.
Los gorilas están nominados para convertirse en una especie en extinción. Están amenazados por la acción depredadora del ser humano, conflictos bélicos (durante los conflictos de Ruanda en de los noventa, las personas que tuvieron que abandonar sus hogares buscaron refugio en El Parque Nacional de Virunga y los gorilas fueron alimento para los desplazados), caza furtiva y tala de árboles para disponer de más hectáreas para la agricultura, echan al gorila de sus hábitats naturales en las montañas y en las selvas de África central y oriental.

Diez gobiernos cuyos territorios incluyen hábitats de gorilas y que han formado una alianza para proteger estos primates: El Acuerdo de los Gorilas, formulado bajo la Convención de Especies Migratorias de la ONU. La cooperación entre los países permite a los gorilas desplazarse libremente entre la reserva del Takamanda (Camerún) y el Parque Nacional del Río Cross (Nigeria), ayudando a reparar la fragmentación del hábitat que puede aislar a pequeñas poblaciones salvajes.
Beatriz Martín

Trampas que acechan al manatí africano

Su aspecto es el de un delfín gordo y perezoso. Pero las apariencias engañan porque los manatíes están muy bien adaptados a su medio. Son mamíferos acuáticos que pueden vivir tanto en aguas saladas o en aguas dulces. Aunque es frecuente encontrar manatíes solitarios, ellos prefieren andar en grupos y nunca son agresivos entre sí. Son animales corpulentos que llegan a medir de tres a cuatro metros y pesan hasta 600 kilogramos. La longevidad en vida libre se ha estimado entre 50 y 60 años. Pero la mano del hombre ha irrumpido en la vida de la especie de manatí que habita en África Occidental, Trichechus senegalensis, sólo son decenas los que continúan vivos.

Los manatíes quedan atrapados en la corriente fluvial desde que en los años 50 se construyeron las presas de Diama, en Senegal, y Manantali, en Mali. Estos animales se movían libremente por el río hasta llegar al océano. Con el levantamiento de presas, los manatíes quedan aislados y se quedan en praderas acuáticas donde pueden pastar. Estos hogares fijos se transforman en trampas mortales porque son zonas con poca profundidad y con la llegada del verano, aparece la sequía, el nivel del agua baja y los manatíes quedan atrapados. El pasado año, una veintena de estos mamíferos quedaron atrapados en afluentes del río Senegal.

La contaminación del agua que provoca el hombre con basura industrial y casera, así como los cambios de clima, le afectan gravemente. Son totalmente herbívoros, consumen las partes vivas de una gran variedad de plantas acuáticas sumergidas, flotantes y emergidas, particularmente pastos marinos. Si los ríos y lagunas se contaminan, dejan de crecer las plantas que come el manatí. Además, la suciedad impide que la luz del sol llegue hasta el fondo, por lo que el agua se vuelve fría, y el manatí sólo puede vivir en agua tibia.

Uno de sus mayores enemigos es el ser humano, quien durante años lo ha cazado para utilizar su carne, grasa, piel y huesos en su alimentación. Los manatíes también son buscados y atrapados por creencias mágico-religiosas que consideran que sus huesos son amuletos que traen buena suerte. Además de la cacería, enfrentan peligros adicionales como las redes de pescadores donde se enredan y perecen por falta de oxígeno.
Beatriz Martín